Almogávares de Europa III

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 Asedio Antequera

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almansinho
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MensajeTema: Asedio Antequera   Dom Mar 31, 2013 6:25 pm

1407
El asedio de Antequera. Factores morales y técnica poliorcética.

3.1.-Los preliminares. Campaña de Setenil.

Desde el punto de vista estratégico, Antequera era la puerta de entrada al reino nazarí de Granada, pero para asegurarse la toma de esta ciudad era imprescindible tener libres de moros los flancos y la retaguardia. «Su mayor preocupación –dice Valla– era sobre todo impedir que le llegara dinero a la vez que caballos, armas y soldados, pues con todos estos recursos se arman los enemigos y aumentan sus fuerzas» Así lo entendió Fernando cuando en la primavera de 1407, acompañado del obispo de Palencia, Sancho de Rojas, dio comienzo a la campaña encomendando al obispo que fuera por delante con el mayor contingente de tropas mientras él permanecía unos días en Sevilla ocupado en preparar la flota que haría frente a los posibles refuerzos que podrían llegar por mar desde el norte de África.
Una vez reunidos los dos cuerpos de ejército comienza el asedio a Setenil, no exento de grandes dificultades: se acercaba el solsticio de verano, se había perdido mucho tiempo en recaudar dinero para la campaña convocando cortes generales y además, las máquinas de guerra servían de bien poco, dada la naturaleza del lugar. Decidió, en consecuencia, construir una torre de asalto para arrimarla al muro.
«A la vez que se construye la torre, se preparan también las máquinas móviles de guerra de los zapadores, las víneas y las restantes máquinas de asalto, según lo encomendado a cada cual-dice el historiador Lorenzo Valla-». Pero todas las máquinas resultaban poco eficaces porque la ciudad se hallaba protegida por el río y el único punto accesible lo estaba por la muralla y las torres.
La táctica del asedio vino acompañada de una serie de actuaciones:
1ª.–Escaramuzas previas por las inmediaciones, lo que le valió la toma de Pruna, Pego y Zahara. En esta última se emplearon, además de las consabidas armas de asalto, flechas emponzoñadas de veneno y por vez primera, en palabras de Ortiz de Zúñiga, se empezó a usar la artillería.
2ª.–Aniquilamiento de los moros a los que se había dejado salir de Zahara. Esta acción, vergonzante por faltar a la palabra dada y no respetar las condiciones de rendición previamente fijadas, fue realizada por parte de Diego Demano Adelito al frente de los almogávares *(16) que, además del odio que sentían contra los moros, esperaban hacerse con un gran botín. Los hechos fueron castigados en la persona del capitán de manera relativamente suave: bastó una simple nota censoria ante el temor a provocar una sedición en las tropas almogávares.
3ª.–Persecución por mar de las naves moras que intentaban traer refuerzos de África. Tras un breve combate naval, los cristianos, mandados por el almirante Juan Enríquez, vencieron a la flota enemiga cerca de Málaga, se hicieron con numerosas naves y quemaron las que habían sido varadas en la playa ante la imposibilidad de reflotarlas.
La verosimilitud de los hechos narrados es sospechosa porque la táctica seguida por los cristianos es idéntica a la descrita por el historiador Polibio (I, 23) en la batalla naval del 260 a. C. durante la primera guerra púnica: los romanos al mando del cónsul Cayo Duilio, combatieron, como ahora los cristianos, aplicando en mar la misma táctica que en tierra, a saber, enganchando con garfios (cuervos) y puentes móviles las naves enemigas para que así la infantería combatiera como si lo hiciera en tierra firme.
Fracaso
Pese a todas estas medidas, Setenil no pudo ser tomada porque, en palabras de Valla, el rey de Granada «sobornó con oro a algunos de los nuestros, y no precisamente de origen humilde Voy a silenciar sus nombres».
Las ruedas y los ejes de la torre de asalto fueron saboteados y la torre se inclinaba al menor movimiento, por lo que Fernando suspendió momentáneamente el cerco dedicando tres días a recoger alimentos de los rebaños que pacían por las vegas próximas.
Cuando reanudó el asalto, la torre se vino abajo en medio del rubor de los cristianos y el regocijo de los sitiados, por lo que, dada la época del año y el hambre que asolaba al ejército cristiano, se suspendió temporalmente el asedio, justificado, en palabras del obispo Sancho de Rojas porque «Nosotros asediamos Setenil, el hambre nos asedia a nosotros;
si es que no sucumbimos por otra causa, temo que seremos vencidos antes de poder tomar la ciudad».
Siguiendo así el consejo de Sancho de Rojas, tras aplicar una táctica de hierro y fuego en la retirada, abandona las inmediaciones de Setenil, pasa revista a las tropas y licencia a unos, enviando a otros a pasar el invierno en determinados lugares hasta una nueva leva.

*16: Los almogávares eran tropas de infantería ligera empleadas en la corona de Aragón. Formadas mayoritariamente por campesinos y pastores odiaban a los moros por la ruina a que estaban expuestos sus campos en las frecuentes expediciones de éstos. Es digno de notar a propósito de este suceso que las fuentes del romancero y las Crónicas de Juan II nada dicen al respecto. Evidentemente, omiten hechos vergonzosos que atentan contra el honor de Fernando, a cuyas órdenes combaten los almogávares. Sólo habla de ello Lorenzo Valla, pero dejando claro que, ante el riesgo de sedición o de motín de sus propios soldados si actuaba contra los almogávares, dio por bueno lo sucedido ante la razón de que no se podía verter sangre cristiana para satisfacer a «perros mahometanos».

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Última edición por el Dom Mar 31, 2013 6:34 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Asedio Antequera   Dom Mar 31, 2013 6:33 pm

1410.
3.2.- Reanudación de la campaña. Toma de Antequera.
3.2.1.- Fase preparatoria.
La lección obtenida en el fracaso de Setenil sirvió a Fernando para preparar
la siguiente campaña, la de 1410, que daría su fruto con la conquista
de Antequera.
Para un desenlace que esperaba feliz tuvo muy en cuenta los siguientes
factores:
Primero: Presupuesto.
Para ello resultaba imprescindible contar con una infraestructura económica
suficiente. En efecto, a tal fin convoca cortes generales en Guadalajara que le dan
un subsidio de cincuenta millones de maravedís de los sesenta solicitados. En su
apoyo intervinieron un sector de la nobleza, con su hijo Alfonso al frente, y sobre
todo del clero, cuyo primado, Pedro de Luna, le era especialmente adicto.
Segundo: Ejército profesional.
Tras la experiencia de Setenil entiende que es más operativo un ejército
menos numeroso, pero mejor preparado, que no uno cuantioso, pero constituido
en su mayoría por meros acompañantes de sus señores feudales. Ahora
el grueso lo formaban soldados de clase media y expertos. El ejército fue
mucho menor que el anterior, pero mucho más útil y operativo: unos 16.000
jinetes y 40.000 infantes.
Tercero. Medios auxiliares.
Reduce considerablemente el número de cantineros y mozos de carga,
pues «esta clase de hombres lo único que hace es aumentar el campamento,
pero no el poder operativo»20.
Cuarto: Intendencia.
En su favor jugaba la excepcional cosecha del año anterior y que no
precisaba de intendencia para la marinería, una vez eliminadas las naves en
la campaña de Setenil y controlada la costa.
Quinto: Elección de fecha adecuada.
Por razones climatológicas eligió el comienzo de la primavera dando la
orden de que todas las tropas, las venidas de Córdoba y las de Sevilla, se
reunieran en Écija, desde donde la marcha era más fácil que desde Sevilla.
Sexto: Preparación anímica.
La expedición se planteó como una cruzada patriótica y sobre todo
religiosa, para lo que tuvo en cuenta dos elementos, el primero meramente de imagen;
el segundo elocutivo, donde juegan un papel decisivo
las arengas.
En la vanguardia de la tropa iba una serie de estandartes: el primero con
la imagen de Nuestro Señor clavado en la cruz;
el segundo con la virgen María
y el ángel Gabriel que le anunciaba la concepción por obra del Espíritu
Santo;
el tercero llevaba la imagen de Santiago;
el cuarto era el estandarte
del reino y después seguían los demás. Quedaba así claro que la campaña
era, sobre todo, religiosa. A esto se sumaba la presencia de la espada de
San Fernando que el infante había hecho traer de Sevilla y el pendón de
San Isidoro de León: los dos mejores símbolos de éxitos cristianos en la
Reconquista.
3.2.2.-Fase ejecutiva.
De manera canónica, al menos para la poliorcética de la época, las tropas
cristianas cumplieron escrupulosamente con todos los principios de asedio.
Una vez tomado contacto con el lugar y sabiendo que en anteriores asedios
le habían llegado refuerzos a los sitiados desde una colina próxima, el
ejército cristiano se divide en dos batallas21: la primera con el obispo Sancho
de Rojas al frente;
la segunda al mando del propio Fernando.
En la parte superior, en las estribaciones de la sierra del Asna, se situó el
obispo, que procedió a cercar la colina con un foso y el correspondiente muro-
empalizada de la altura de un hombre. Junto a los muros de Antequera,
y también sobre un otero, Fernando hizo lo propio, rodeando por completo
las murallas y protegiendo la retaguardia, en parte con carros adosados y en
parte con otro foso y el vallado correspondiente22.
Concluidos los trabajos ofensivo-defensivos, «decidió privar a los sitiados
del aprovisionamiento del agua del río, pues sabía muy bien que dentro del recinto había un solo pozo, de agua bastante mala, además, como suponía
que sería la de los restantes pozos en el caso de que los sitiados intentaran
perforar más»23. Además, para impedir que los sitiados salieran a por
agua, colocó una cohorte de flecheros ante la puerta.
Tomadas estas medidas preventivas, comienza la fase de asalto propiamente
dicha mediante las siguientes armas y recursos de asalto:
1ª. Una máquina de asalto, que por la descripción del historiador coincide
con la conocida como bastida24. Colocada sobre veintidós carros, estaba
ligeramente inclinada hacia delante, para que, asentándose fuera del foso
interior, al inclinarse, la escala alcanzase el interior de los muros o de la torre
de la muralla. Daba cabida a cien hombres armados en el piso superior,
y en el inferior, «como si del caballo de Troya se tratara, se ocultaban otros
tantos que, en el caso de que la bastida lograra su objetivo, subirían tras los
primeros y que llevaban también alimentos y los primeros auxilios para la
cura de golpes y heridas».
2ª. Dos máquinas (así las llama Lorenzo Valla) algo más pequeñas, colocadas
sobre seis carros cada una, de las que salían sendas vigas que, a
manera de mástiles, llevaban en la punta unas jaulas, tal como llevan también
las naves, que daban cabida a cuatro ballesteros selectos, los mejores
de todos. Cada tiro recibía como premio un áureo y mientras dos tensaban la
ballesta los otros dos disparaban alternativamente para que así, los sitiados
no sólo pudieran permanecer en la muralla sino que ni siquiera se atreverían
a asomar miembro alguno.
3ª. Construcción de galerías bajo los muros para así sorprender al enemigo
por la retaguardia una vez dentro de la ciudad. Se buscaba sobre todo
el factor sorpresa;
pero ésta requiere de absoluto sigilo y de maniobras de
distracción.
Las últimas se cumplían a la perfección mediante la construcción de
torres de asalto y de bastidas, que a su vez servían para ocultar la tierra que
se iba extrayendo de las galerías;
no así el primero, el silencio, por cuanto
tuvo lugar el siguiente hecho fortuito.
Uno de los que montaban guardia en el puesto situado junto al río, y que
se había pasado todo el día cavando una galería, se quedó dormido. Al llegar el momento en que su compañero lo despertó para el consiguiente relevo,
no quiso levantarse y lo insultó. «Con voz airada y a gritos, alegó que estaba
cansado y que durante todo aquel día no había visto el sol por habérselo
pasado cavando como si estuviera dentro de un sepulcro, enterrado sin estar
muerto, y cavando galerías él mismo se había convertido en conejo»25.
Los vigías de la muralla oyeron aquellas voces, porque «los que temen
tienen los oídos más abiertos». El resultado fue que los asediados, tres noches
más tarde, llegaron hasta las galerías y las obstruyeron obligando a los
cristianos a abandonar la labor de zapa.
4ª. Cuidado de la moral de la tropa.
Ante la noticia de que se acercaban refuerzos venidos desde Granada
con los dos hijos de Yusuf III al frente y de que se trataba de un ejército considerable
(10.000 hombres a caballo y 120.000 soldados de infantería)26, por
miedo a que decayera la moral de las tropas, Fernando en persona arengó a
sus soldados centrando su discurso en los siguientes aspectos:
4ª.1.- Camaradería, lealtad y valor:
«Camaradas27, lo que a vosotros os llena de inquietud y temor, eso mismo
me llena de alegría y esperanza. Esperanza en una victoria más rápida
y más aplastante;
también alegría, porque veo que no quedan ya restos de
traidores en nuestras filas. El enemigo no tentaría la suerte de la guerra si
tuviese esperanzas de que, como hizo en la campaña anterior, podría sobornar
la voluntad de algunos. Me congratulo, pues, de vuestro valor, porque
el enemigo no se atrevió a tentar vuestras voluntades [ ] Soldados a los que
yo elegí y que me atrevería a enviar a combatir contra el ejército de Ciro, o
de Darío, o de Jerjes».
4ª. 2.- La inferioridad numérica es una ventaja:
«No tengáis miedo a esa tumultuosa tropa, alistada de entre los hombres
más cobardes y turbulentos, una tropa que confía no en sus fuerzas o en la
ciencia militar, desarmada en su mayoría, enviada no tanto para luchar cuanto
para asustar, porque viene sin bagajes, sin intendencia, sin aparato bélico. Si
conseguimos mantenerles tres días dentro del campamento, se disolverá y se
verá obligada a regresar [ ] Yo no creí oportuno reclutar muchos hombres, sino sólo a los fuertes y bien armados, aunque podía haber dispuesto de muchos más.
Creedme, si ahora nos llegaran más refuerzos, en mi nombre y en el vuestro me
atrevería a decir que su llegada me causa dolor e incluso los devolvería, pues
¿qué gloria obtiene un general y los que buscan ocupar su lugar, si no vencen
valiéndose del arte militar y del valor, sino del número de soldados?».
4ª.3.- Beneficios de la victoria:
«No sólo os invito a una gloria mayor, sino incluso también a un botín más
grande aún, pues, cuando los que vencen son pocos, todos obtienen beneficio».
4ª.4.- Lección aprendida del fracaso de Setenil:
«Ellos no van a tener ahora la suerte que tuvieron en Setenil, pues ¿qué
tienen en común aquella campaña y ésta? En aquella estuvieron muchos
que ahora no están y están otros muchos que entonces no estaban. Además,
en Setenil hubo hambre, traición, cuantiosas naves en ambos bandos, pero
ejército de tierra prácticamente nulo;
en esta campaña hay comida de sobra,
fidelidad entre los jefes y soldados, ausencia de naves en ambos bandos y un
ejército de tierra».
4ª.5.- Razones para combatir:
«Tengamos confianza en el santo bajo cuyo estandarte combatiremos28. Os
digo que nos vimos frustrados de tomar Setenil para que, probada nuestra constancia
ante Dios y acrecentada la soberbia de ellos, los derrotaremos en guerra
abierta [ ] Deponed ese miedo indigno de vuestro valor;
no penséis en otras
cosas que no sean el valor, la gloria, la victoria, el botín y, ante todo, Dios».
5ª. Envío de exploradores y escuchas para informar de la aproximación
del enemigo. Destaca la figura de Pedro Ponce de León, señor de Marchena,
que ha de informar al obispo del lugar de emplazamiento del enemigo.
6ª. Primeras refriegas en torno al campamento de Sancho de Rojas que
pasa por una situación desesperada hasta que llegan refuerzos del campamento
de Fernando alarmados por el griterío. El ataque por un flanco rompe
la formación mora y provoca la desbandada.
7ª. Explotación del éxito:
«El enemigo se dispersaba huyendo en desbandada. Tuvo lugar entonces
una ingente cacería de enemigos que arrojaban por doquier las armas,
unos para huir con más facilidad y otros para provocar así menos al ejército
vencedor. De esta manera, las armas que fueron inventadas para proteger a
su dueño y para herir al enemigo, ahora tenían una finalidad bien distinta,
porque no los protegían y además serían éstos los heridos por el enemigo si
no las abandonaban. Ya ninguno pensaba en matar enemigos, sino más bien
en librarse de la muerte».
En la desbandada muchos se despeñaron empujados por la turbamulta
o bien por propia voluntad;
algunos se despeñaban y no pocos se escondían
entre las zarzas y matorrales como si de fieras se tratara. «Ninguno fue hecho
prisionero, a nadie se le perdonó la vida, salvo a las mujeres que fueron
hechas prisioneras en el camino, en el campamento y hasta más lejos». Sólo
la noche puso fin a la política de tierra quemada en que obtuvieron un gran
botín, especialmente de animales de carga y caballos.
En la explotación del éxito se incluye también la toma de Cocia29, situada
en las hoces de la Boca del Asna, entregada a los soldados para que la
saquearan, si bien en este caso se les perdonó la vida a los prisioneros.
8ª. Efecto propagandístico:
Se hizo saber el número de bajas por ambos bandos: 30.000 hombres y
500 mujeres del lado moro, sólo unos cuantos del campamento del obispo y
otros pocos del campamento de Fernando. La campaña de Antequera, dejando
de lado la veracidad de las cifras, no podía empezar mejor.
Resultó igualmente de gran efecto moral por el significado que tiene
entre los musulmanes el hecho de que no se dio sepultura a los cadáveres,
sino que, por estar en pleno verano, ante el temor de una pestilencia, fueron
arrastrados con ganchos y cremados en grandes piras sin dar sepultura a
los huesos para que no tuviesen los mismos honores que los hombres de la
antigüedad. «De esta manera, -prosigue L. Valla- se vieron privados primero
de la vida, después de la mortaja que oculta la deformidad, más tarde de la
carne, y por último de la sepultura, además del descanso eterno».
La noticia de lo sucedido en la Boca del Asna se corrió por las localidades
de Úbeda, Baeza, Jaén y Quesada que, como si de un dominó se tratara,
llevaron a cabo igualmente incursiones por la frontera del reino nazarí
adueñándose de rebaños y botín, sucesos que iban conociéndose hasta en la
mismísima Granada así como las posteriores conquistas de plazas fuertes en
los confines de Antequera: Teba, Alozaina y Mancha.
Antes del asalto definitivo a Antequera, todas las inmediaciones, en varios
kilómetros a la redonda, estaban libres de enemigos y cubiertas las espaldas
ante la posible llegada de refuerzos.
9ª. La toma de Antequera. Secuencia de los hechos.
La bastida tardó en construirse varios días30 porque se tomaron todas las
precauciones para que no ocurriera como en Setenil. A su vez, los sitiados
habían cubierto las murallas hasta la mitad con pieles de cabra, centones, esteras, tapetes y mantas y levantado parapetos de madera contra las flechas
y tiros de las bombardas al tiempo que distribuían por todas partes armas
arrojadizas para hacer frente al asalto inminente.
Como medida precautoria, para el caso que la torre de la muralla fuese
tomada, los sitiados habían ahuecado el interior de la misma, rellenándolo
con estopa, esparto, cáñamo y toda clase de material fácilmente combustible,
y dejado un orificio, a manera de ventanilla, desde donde podían aplicar
fácilmente fuego cuando se echaran las escalas desde la torre de asalto.
Para facilitar el acceso de las bastidas y máquinas de asalto Fernando
ordenó que allanasen el terraplén y los dos primeros fosos con azadones,
horcas y marras, no así el tercer foso, porque la torre de asalto no necesitaba
traspasarlo, ya que desde ella se arrojarían las escalas y puentes que facilitarían
la entrada en la muralla.
Al tercer día de estar todo preparado, nada más amanecer, tras ceñir toda
la ciudad con un cordón de soldados, montado a caballo, pasa revista a todo
el aparato militar, armas y máquinas para llenar y unir los fosos con puentes,
revista también las escalas, zapapicos y útiles semejantes;
arenga finalmente
a los soldados, a veces incluso uno a uno, y da la señal de ataque realizado
en dos asaltos y diferentes fases.

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MensajeTema: Re: Asedio Antequera   Dom Mar 31, 2013 11:29 pm

Interesante crónica.
E interesante observar en este caso en el primer relato, como a veces se ocultan acciones de los almogavares por no parecer políticamente correctas.

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MensajeTema: Re: Asedio Antequera   Lun Abr 01, 2013 1:30 am

Si asi es, pero aun en la actualidad sigue esa mamarrachada de lo polticamente correcto.

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