Almogávares de Europa III

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 Almogávares de Jaén

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hadita

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MensajeTema: Almogávares de Jaén   Sáb Jun 10, 2017 12:32 pm

Recopilo esta serie de notas sobre los almogávares de Jaén antes de que desaparezcan las webs que desde hace años los mostraban.




En pasadas entregas apuntábamos la presencia e importancia de elementos navarro-aragoneses en la Reconquista del Reino de Jaén. Para ahondar en ello nada mejor que traer a cuento algunos de los episodios heroicos que protagonizaron los almogávares en estas tierras. En Jaén, digan lo que digan los que no pueden salirse de los libros oficialistas, está constatada en crónicas antiguas y en ejecutorias de nobleza, en la toponimia, en la micro-dialectología, en la genealogía... la presencia de almogávares de estirpe vasca, navarra y aragonesa. Aur, aur... Aragón... Desperta ferro! eran sus brados de guerra. Su valor y fiereza en el combate son proverbiales. Como instrumento que sirva para profundizar en las relaciones fraternas entre Aragón y Jaén, sirvan estas historias -rigurosamente extraídas de la tradición escrita que se remonta a la Edad Media y el Renacimiento.

LOS ALMOGÁVARES SE ENCOMIENDAN A NUESTRA SEÑORA DE LA O
Reinando en España Su Católica Majestad Fernando V de Aragón, pocos años antes de la gloriosa toma de Granada, los moros de Granada atraviesan la raya de la frontera y se internan en territorio cristiano. Diego de Villalta nos lo contó por haberlo "oído decir de personas viejas y antiguas, vecinos de esta Peña [de Martos], dignas de fe, que muchas veces lo oyeron contar a sus padres, los cuales se hallaron presentes y fueron vencedores de la batalla", así lo escribía el mismo Villalta en 1579, en un libro que dedicó a Su Católica Majestad D. Felipe II.

Un alcaide cristiano -el de Alcaudete- que estaba a mal con la Orden de Calatrava, deja pasar a los moros. El traidor y fementido es Martín Alonso de Córdoba. Los moros penetran y arrasan Higuera de Martos, hoy Higuera de Calatrava, "la cual totalmente destruyeron y quemaron y cautivaron todos los hombres y mujeres y niños cuantos en el pueblo hallaron, y saquearon y robaron la villa y llevaron sus haciendas y ganados. Y con tan buena presa dieron la vuelta para Granada...". La morisma, envalentonada, vuelve sobre sus andadas y corren de nuevo las tierras de la encomienda calatraveña de Martos, recogiendo las ovejas y yeguadas, vacadas y demás ganados con algunos cautivos cristianos capturados.

"En esta sazón se tocó en la villa al rebato de lo que pasaba, y se recogieron luego a las fortalezas las mujeres y niños y hombres viejos y los demás que no eran para tomar armas, y la gente de a caballo y los mancebos sueltos y hombres dispuestos para hacer la guerra, dejando el recaudo necesario para guardar la villa, salieron todos al campo". Los acaudillaba Juan de Ocampo, gobernador y alcaide de las fortalezas de Martos y Torredonjimeno.

Los marteños con los de Santiago, Higuera y Torredonjimeno, piden refuerzos a los de Alcalá la Real "para vengar la injuria de la entrada que los moros habían hecho y quitarles, si pudiesen, la presa de los cautivos y ganados que llevaban..."

Los valientes de Alcalá no se demoran y brindan su apoyo, juntándose unos y otros en las cumbres de lo que se llama la Puerta Yora. En los llanos, los moros habían acampado "con grandes fuegos y lumbres, muy contentos del buen suceso que hasta allí habían tenido".

"Los nuestros, por no ser sentidos de los moros, pasaron aquella noche con trabajo y sin lumbres, con grandes fríos e hielos, cuales los suele hacer en aquellas sierras, y siendo como era en el invierno..."

Al clarear el día, los escuchas cristianos se asoman a reconocer el ejército moruno y comprueban que los enemigos los superan con creces.

Los capitanes cristianos, enterados de esta mala nueva, entran en consejo. Hernando de Aranda, caballero y capitán de los de Alcalá, expresa que "le parecía locura y temeridad acometer a tantos moros siendo ellos tan pocos".

Pero un adalid almogávar marteño, Joan Alguacil, respondió: "Hoy es día de Nuestra Señora de la O y Ella nos socorrerá... No vayáis vos a Alcalá sin hacer carnicería de moros, pues sois todos gente que le corre por las venas sangre de godos y qué dirán de nosotros los que vengan después...".

Hernando de Aranda, reconsiderando aquellas palabras del bizarro Joan Alguacil responde: "Hermano, pues yo no tengo el pellejo más delgado que el vuestro, nunca quede por mí".

Planean los españoles la batalla y, al toque de trompetas, quedan comprometidos a entrar unos desde el lado de Jaén, apellidando a gritos: "Aquí Jaén, Jaén", los de Alcalá lo harán por su lado: "Alcalá, Alcalá la Real" y los de la Orden de Calatrava, vendrán de su parte al grito de: "Aquí el Maestre y la Orden...".

Acometieron nuestros ancestros, espadas en alto, contra los moros desprevenidos "y se mostraron tan valientes y esforzados, que los moros, estando muy seguros y descuidados y sin sospecha de que nadie se atreviera a venir en su seguimiento, aunque tomaron las armas y pelearon y se defendieron, fué tanta la priesa que los nuestros les dieron peleando por todas partes, que muy en breve fueron vencidos y desbaratos, muertos y cautivos...".

"...Y los moros, que comenzaron a huir, como no había por dónde escaparse y pasar adelante sino por la angostura de las dos peñas tajadas que allí se hace, entre las cuales y por medio de ellas pasa un pequeño río llamado Yora, que por esto es dicha la puerta Yora... fueron acabados de matar y cautivar todos los moros sin que se escapase alguno, y les fué quitada y cobrada toda la presa que llevaban y robado el campo".

Regresaron victoriosos los cristianos a las fortalezas de la encomienda de Martos: "...y repartido en mucha paz y amor el despojo de los cautivos y las demás presa de todo lo que fué habido en el campo, los caballeros de Alcalá y su gente se fueron a su ciudad".

"Entraron victoriosos cada uno con una cabeza de moro en su lanza o en la punta de la espada, y con mucho regocijo fueron recibidos de sus padres y mujeres, y así todos juntos fueron a hacer oración a la iglesia de Nuestra Señora, que está en lo fuerte y cercado de la villa, a quien dieron muchas gracias y ofrecieron de la presa cada uno lo que mejor pudo y le pareció...".




Publicado por Maestro Gelimer

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hadita

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MensajeTema: Re: Almogávares de Jaén   Sáb Jun 10, 2017 12:39 pm







LOS ALMOGÁVARES DE JAÉN ASALTAN CÓRDOBA.

La presencia de almogávares en Jaén está confirmada en varias crónicas medievales y otras fuentes históricas posteriores, como llevamos apuntado. En uno de nuestros –los llamaré artículos- publicado en este mismo blog, se ha hecho asimismo mención de un paraje conocido como el Campo de los Almogávares, sito en la Sierra de Jaén.

El valor y coraje de estos guerreros norteños que entraban en combate gritando “¡Desperta, ferro!” nunca será convenientemente ensalzado. Los almogávares fueron imprescindibles para la Reconquista de Andalucía. Gracias a un grupo de ellos se recobró Córdoba, así nos lo cuenta Pedro de Escavias (alcaide de Andújar, que escribió en el siglo XV), amén de otras crónicas y documentos del Santo Reino de Jaén.

Ocurrió que unos moros fueron expulsados de Córdoba por desavenencias políticas. A la ventura, estos moros llegan una noche a Andújar. Allí hablan con Domingo Muñoz de Coveña, Álvaro Colodro y Benito de Baños, tres de los muchos adalides almogávares. Los moros disidentes les ofrecen una estratagema para penetrar en Córdoba. Los tres bravos piensan poner por obra el plan de asaltar la ciudad, para ello comunican a Pedro Ruiz Tafur y Martín Ruiz de Argote –otros almogávares- su propósito. Ruiz Tafur y Ruiz de Argote asienten y cierran filas con ellos, apalabrando acompañarles en la arriscada empresa. También participan otros caballeros de la frontera en esta misión que a iniciativa propia van a afrontar. Así es como son avisados Álvar Pérez de Castro que estaba en Martos con los suyos y un caballero leonés que estaba en Andújar, Ordoño Álvarez. Los almogávares quieren contar con estos caballeros para que les asistan en la operación de asalto.

“E por discordia grande de bandos que por entonces en la ciudad de Cordoba había, algunos moros, por delitos desterrados fuera de la dicha ciudad, andando huidizos, por caso hobieron trato e fabla con Domingo Múñoz de Coveña, e con Álvaro Colodro, e con Benito de Baños, tres adalides que en la ciudad de Andújar, a sueldo del rey don Fernando, en común de otras gentes, estaban. E dijéronles cómo ellos darían orden cómo la ciudad de Córdoba se escalase. Los cuales metieron en esta fabla a Pedro Ruiz Tafur, e a Martín Ruiz de Argote, por servir a Dios y al rey, propuesto todo temor, e otros que con ellos fueron, acordaron de ponello por obra. E secretamente pusieron sus escalas e ficieron saber a don Álvar Pérez de Castro e don Pedro Ruiz, su hermano, que estaban en Martos, e a Ordoño Álvarez, un buen caballero de León que en Anduxar estaba, para qué noche lo tenían acordado de fazer, por tanto que estubiesen apercebidos con sus gentes para les socorrer.

E con este acuerdo, partieron de Andújar e llegaron a Córdoba, una noche muy escura. E por yndustria e avisación de aquellos moros que consigo llevaban, escalaron el muro e mataron los moros que en las torres estaban velando. E desde allí, poco a poco se fueron estendiendo por el adarve adelante, peleando fasta que tomaron la puerta de Martos. E después tomaron las torres que están sobre la puerta que hoy dicen del Colodro, el cual nombre desde entonces aquella puerta le quedó, por causa de aquel almogavar, Álvaro Colodro, que la tomó. Apoderados de aquellas torres e puertas, el rebato fue muy grande. E todos los moros que moraban en la xarquia desanpararon sus casas e metieron sus faziendas a la villa. En tanto, los cristianos barrearon todas las calles, salvo la mayor que dexaron abierta por do pudiesen pelear con los moros, matando muchos dellos. E desque los moros del arrabal ovieron metido sus faziendas, volvieron a pelear con los cristianos. E a las veces, los cristianos retraían a los moros, otras veces, los moros a los cristianos porque eran muchos más.

E los cristianos estando muy trabaxados de pelear, enviaron sus mensajeros a don Álvar Pérez de Castro que estaba en Martos e a Ordoño Álvarez que estaba en Andújar que les fuesen acorrer, los quales así lo fizieron luego. Fueron para Córdoba e se lanzaron dentro en el axarquía, con los otros cristianos. E ansimesmo enviaron un mensajero al rey don Fernando, haciéndole saber lo mismo. E fallólo en Venavente que se asentaba a comer. E como el rey supo la nueva, luego se partió para Córdoba con fasta cien caballeros que se fallaron con él. E envió cartas por todos sus reinos que, luego sin otro detenimiento, se fuesen en pos de él. E caminó e llegó a la puente de Alcolea. E allí mandó asentar sus tiendas a fin de recoger las gentes que venían en pos de él. E cuando don Álvar Pérez de Castro e don Pero Martínez, su hermano, e don Hordoño Álvarez e los otros caballeros que en axarquia estaban e supieron cómo el rey don Fernando su señor era llegado a la puente de Alcolea, fueron muy alegres e esforçáronse por acabar lo que habían començado.” (“Repertorio de Príncipes de España”, Pedro de Escavias.)

Es otra fuente histórica, esta vez los Anales inéditos del siglo XVIII cuyo autor es el franciscano tosiriano P. Fray Juan Lendínez, la que nos complementa este mismo suceso añadiendo detalles que se habían mantenido intactos en la tradición que atesoraban los descendientes de algunos de estos almogávares más significativos que se asentaron en Torredonjimeno y aquí se multiplicaron, dejando copiosa descendencia. Así escribe el P. Lendínez:

“Corrían los años de 1235, cuando los capitanes de la frontera, especialmente los de la Encomienda de Martos, juntando sus tropas hicieron una entrada contra las tierras de Córdoba; y como hubiesen preso a unos moros, estos, porque los cristianos no les hiciesen mal, y por estar mal avenidos con el gobierno cordobés, concertaron darles entrada una noche a la ciudad, por la parte que llaman Ajarquía o puerta de Martos.

Los cristianos, no siendo omisos, volvieron con mayor poder a las guarniciones fronterizas, en la misma noche concertada, siendo 23 de diciembre de 1235. Y como llegasen, ya vencida la media noche, cuando toda la ciudad estaba entregada al sueño, y no apareciese ningún moro dudaron si volverse o escalar el muro.

Este asalto fue por la parte de la Ajarquía, y Puerta de Martos, por donde el muro estaba menos alto; y como con los aceros en las manos, buscasen en las torres que guarnecían la puerta, las guardias y centinelas, vieron venir dos moros amigos con quienes habían concertado la entrega de la puerta y muro; y que las demás guardias estaban dormidas cerca de la puerta. Apenas oyeron los cristianos estas palabras, cuando bajando con igual valor que diligencia, hicieron pedazos a los moros de la guardia, y abrieron la puerta, y entrando por ella la demás tropa, tomó posesión de las torres inmediatas, y se fortificaron en ellas, sin ser sentidos de la morisma.”

La versión del P. Lendínez muestra ciertas diferencias, si es comparada con la de Escavias; pero sostenemos que son compatibles y algo más todavía, mutuamente se enriquecen.

Uno de los que ganaron fama en aquella hazaña -y que omite Pedro de Escavias- fue Martín Fernández de Arciniega, el que -según Lendínez- abrió la puerta. Este caballero vasco recibió, por concesión de Alfonso X el Sabio, una Carta Ejecutoria en que se le confería el derecho de cambiar su apellido toponímico de ascendiente alavés por el de Martos. De este modo se rememoraría a perpetuidad el servicio que Martín prestara al santo padre de Alfonso X el Sabio, Fernando III el Santo (ora pro nobis).

Del estudio de la ejecutoria de este caballero alavés, emitida por la cancillería de Alfonso X el Sabio, en Jaén, el día 25 de mayo de 1263, se desprenden datos biográficos de este leal caballero. Era, como indica su apellido, de alcurnia alavesa. Había venido del norte, estableciéndose en la Encomienda de Martos y desempeñando el empleo de escudero de a caballo del Maestre de Calatrava D. Frey Gonzalo Yánez. Más tarde, había sido “Capitán almogavir” de Alvar Pérez de Castro Leoviscón, habiendo defendido el Castillo de la Peña de Martos. Su brazo y su coraje lo levantaron a más valer, confiriéndosele incluso el honor de pertenecer a la Orden de Caballería de la Banda.

El P. Fray Alejandro del Barco y García, fraile mínimo, escribió de él en el siglo XVIII:

“También hallo que obtuvieron el referido Castillo, en calidad de Alcaydes, los nietos descendientes de Martin Fernández de Arciniega, Caballero de la Banda, que en la conquista de Córdoba ganó la puerta de Martos, por donde entraron muchos de los nuestros que tomaron la ciudad; cuya hazaña le premió el Rey Don Alonso el Sabio, concediéndole que usara como de apellido propio el mismo nombre de Martos que tenía dicha Puerta, y que traxera por Escudo de Armas la misma Puerta de Martos, figurada en un Castillo colocado en campo azul con un lucero de Oro alusivo al que siguió, para tomar dicha Puerta; y este es el tronco de todos los Martos que hay en España”.

Martín Fernández de Arciniega tuvo una amplia prole que habitó –y en ocasiones rigió con bizarría- los castillos encomendados a la Encomienda de Martos de la Orden de Calatrava. Sus descendientes no sólo defendieron con valor los castillos encomendados, participando también en las guerras intestinas que asolaban el campo cristiano. El linaje de los Martos dio una mártir, descendiente de Martín. Pero eso será otra historia…

Martín Fernández de Arciniega es "el tronco de todos los Martos que hay en España". De orígenes vascos y almogávar en Jaén. Como uno más de sus muchos descendientes no puedo decir sino que todavía, en Torredonjimeno, los Martos conservan, por mucho que el tiempo haya andado, memoria viva de su antepasado, transmitida de padre a hijo en una cadena sin truncar.



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