Almogávares de Europa III

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 Muret

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CeltiberoKarmipoka
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MensajeTema: Muret   Dom Feb 03, 2008 4:48 pm

Me apetece compartir el librillo que econtré y que posteé en Eureka (La Bataille de Muret..., Anglada, Joseph, Toulouse, 1913) . De hecho, el capítulo II, dedicado a las funtes medievales, es bastante interesante, así que lo he traducido y lo coloco aquí, por entregas con en los viejos folletines. Al fin y al cabo el libro de Anglada se publicó en 1913. Empezaremos por la obra de

PIERRE DE VAUX-CERNAY, (apologista y verdadero "
plutarco"
de Monfort)


Los asediados enviaron un mensajero a Simon de Monfort que se encontraba en Fanjeaux, para pedirle refuerzos y provisiones: Monfort se había precisamente puesto en ruta hacia Muret y encontró al mensajero entre Fanjeaux y Saverdun. Se detuvo en la abadía de Boulbonne para rezar sus devociones. Llevaba con él a siete obispos y tres abades para tratar la paz con el rey de Aragón. Llegó a Saverdun. Quería partir esa misma tarde, pero sus caballeros estaban cansados y no habían comido nada. (jejuni et lassi). Al alba del día siguiente, Simon de Monfort hizo su testamento y lo remitió al abad de Boulbonne pidiéndole que lo enviara a Roma en el caso de que fuera muerto.

Ese día Simon y sus compañeros partieron hacia Muret, pasaron por Auterive y atravesaron un paso difícil, donde ellos esperaban ser atacados por el enemigo, pero allí no encontraron a nadie. Llovía a mares, pero la lluvia cesó pronto, a la salida de una visita y oración hechas por Monfort en una iglesia que se encontraba al borde de la ruta.

Llegaron tarde a Muret. Los hombres y los caballos estaban fatigados. Los caballeros querían combatir de inmediato, pero Monfort se opuso. Cuando hubieron entrado en la villa, los obispos enviaron mensajeros al rey de Aragón para sulicarle que se reconciliara con la Iglesia, pero el rey de Aragón se obstinó en no aceptar. Mientras tanto, un ligero refuerzo llegó a la hueste de los cruzados. En Muret, observa Pierre de Vaux-Cernay, no había víveres más que para un día.

A la mañana siguiente, Simón de Monfort oía misa mientras que los obispos continuaban las negociaciones. Las puertas de Muret estaban abiertas y muchos caballeros de la hueste aragonesa-tolosana habían entrado ya en la villa. Hubo un momento de desorden (magis tumultus fit). Simon de Monfort dijo a los obispos : « Vos véis que no avanzáis en nada, nuestra paciencia está agotada ;
dádnos permiso para combatir ». Y el permiso fue concedido.

En el momento en que se acercaba a Simon de Monfort su caballo, éste levantó vivamente la cabeza y la llevó hacia atràs (aliquantulum resilire fecit)). Como la escena pasó en un lugar elevado, los tolosanos la vieron y comenzaron a mofarse de Monfort a gritos (ulalatum magnum emiserunt.). El conde les gritó : « Os mofáis de mi y me insultáis, pero yo tengo fe en Dios, hoy os batiré y os perseguiré gritando hasta las puertas de Tolosa ». Pierre de Vaux-Cernay calcula en unos ochocientos los soldados de Monfort, entre caballeros y sirvientes de armas (inter milites et servientes in equis.).

El ejército estaba dividido en tres cuerpos. El primero cargó contra el enemigo y penetró en medio de las líneas aragonesas y tolosanas;
el segundo siguio la misma táctica. Es en este momento cuando sucumbió el rey de Aragón y muchos de sus caballeros. En lugar de colocarse en la retaguardia (zaga), dice Vaux-Cernay, como ordinariamente hacen los reyes, ´él se había colocado en la segunda línea y había intercambiado sus armas con uno de sus caballeros.

Monfort, viendo el éxito del ataque al centro, cargó contra el ala izquierda. El ejército tolosano estaba separado de él por un foso (fossatum);
pero Simon encontró un sendero muy estrecho (modicissimam semitem) por donde llegó hasta el campo.

Fue recibido por una nube de proyectiles;
perdió su estribo izquierdo (staphus sinister) y una espuela. Recibió de un soldado enemigo un violento golpe en la cabeza, pero de un golpe sobre el mentón hizo caer del caballo a su agresor.

Enfin, los tolosanos huyeron y los dos cuerpos que habían comenzado el ataque les persiguieron a fondo. Simon siguió con su escuadrón para ayudar a los primeros cuerpos para el caso de que el ejército tolosano hubiera intentado reorganizarse. Ordenó dejar a los que huían desde que les vió en derrota.

Durante este tiempo, añade Vaix-Cernay, los tolosanos asediaban Muret, con todas sus fuerzas. El obispo de Tolosa les envió un mensajero para invitarles a deponer las armas, pero le respondieron que el rey de Aragón había batido a todos sus enemigos e hirieron al mensajero del obispo. En este momento, los soldados de Monfort, volviendo victoriosos, cargaron contra los tolosanos y los hicieron perecer a miles.

Después de esto, Simon se hizo conducir a la zona en la que había caido el rey de Aragón. Encontró al rey despojado de sus vestiduras, pues los fantassins (soldados de a pie), que no habían tomado parte en la batalla, viendo cierta la victoria, habían salido de Muret y habían rematado y despojado a los heridos.

El conde de Monfort, ante el cuerpo de su enemigo, descendió del caballo y lloró a su enemigo « como un nuevo David lloraría a un nuevo Saúl ».

Según Pierre de Vaux Cernay, perecieron alrededor de veinte mil hombres, tanto por la espada como ahogados (tam submersione quam gladio).

En la carta que los prelados escribieron después de la batalla, insistieron sobre las mofas con las que el rey de Aragón acogió sus peticiones. Añadieron que un solo caballero del ejercito de Monfort fue muerto, con un muy pequeño número de sirvientes. En cuanto al número de enemigos murtos, fue tanta su multitud que no pudieron contarse.




Seguiremos con otros, en cuanto lo traduzca








.

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MensajeTema: Re: Muret   Dom Feb 03, 2008 7:43 pm

GUILLAUME DE PUYLAURENS (Capellán de Raymond VII que recogio los testimonios de éste, testigo ocular, y, seguramente, del abad de Pamiers)


Según Guillaume, el conde de Monfort había mostrado al Maurin, abad de Pamiers, a quien había encontrado en Boulbonne, una carta del rey de Aragón, en la cuál saludaba a “una noble señora, esposa de un noble tolosano”, diciéndole que “venía a echar a los franceses de su tierra por amor de ella y otras galanterias semejantes”. “¿Cómo queréis que respete a un rey, dijo Simon de Monfort, que por una mujer (pro una meretrice) marcha contra los asuntos de Dios?”. Guillaume supone que un criado o un secretario de este noble tolosano, del cuál ignoramos el nombre, había dado a Simon, una copia de la carta y cuenta, al igual de Vaux-Cernay, que en el momento en que Simon se preparaba para la batalla, su caballo le rechazo con la cabeza, quedando un momento aturdido (stupefactus). “Los cruzados salieron por la puerta que mira a Oriente, mientras que el campamento estaba a occidente”, a fin de hacer creer a los aliados que tomaban el camino de la huida, “hasta que, habiendo avanzado un poco, pasada una cierta ribera, volvieron grupas en la llanura contra el enemigo”,

También coinciden ambos autores al decir que el conde propuso al rey de Aragón, esperar el choque con los cruzados dentro del campo, mero el rey lo rehusó por considerarlos fruto del miedo y de la cobardía(metui ascribens et ignaviae quod dicebatur).

Simon atacó en tres columnas, sus tropas hundieron al enemigo al primer choque, después se volvieron hacia la derecha donde se hallaba el rey. El ruido de las armas era tal que, desde el lugar en que el joven Ramon seguía las peripecias de la batalla, se oía un ruido commo de hachas abatiendo árboles. El pueblo tolosano (populus Tolosanus) , que se habían quedado en el campamento, se apercibieron, al fin, de la derrota, quirieron huir a los barcos (navigium), pero si algunos se salvaron, otros se ahogaron y otros que se quedaron en el campamento fueron masacrados. El número de los muertos habría sido de quince mil. El cuerpo del rey, encontrado desnudo sobre el campo de batalla, fue reclamado por los hermanos del Hospital de San Juan.

Según Guillaume, ni un sólo cruzado fue muerto en tal jornada. En cuanto a los tolosanos, no hubo casa « que no llorase un muerto o un prisionero ».

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somarro



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MensajeTema: Re: Muret   Lun Feb 04, 2008 1:25 pm

Gracias Karmi, vaya no pensaba yo que esa derrota pudo ser tan brutal, ¿miles de muertos de una parte y ninguno de la otra?, siendo de una parte unos centenares y de la otra miles?, desde luego vaya repasito le dió el normando al rey aragonés.
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MensajeTema: Re: Muret   Lun Feb 04, 2008 4:24 pm

somarro escribió:
Gracias Karmi, vaya no pensaba yo que esa derrota pudo ser tan brutal, ¿miles de muertos de una parte y ninguno de la otra?, siendo de una parte unos centenares y de la otra miles?, desde luego vaya repasito le dió el normando al rey aragonés.

No te des mal, Somarro, los cronicones medievales son así. Además, ten en cuenta que en los combates de aquella época eran pocos, muy pocos, los que morían combatiendo cara a cara, casi todos morían en "
el alcance"
, o sea: en la persecución una vez que, rotas las líneas, un ejército huía.

Por otra parte, en Muret, todo fue muy rápido. Yo creo que los "
aliados"
pensaron que Monfort huía, así que, cuando volvieron los tres cuerpos hacia su izquierda, pillaron a todos con el pie cambiado. Lo suficiente como para que se produjera la rotura de, al menos, el primer cuerpo, el de Foix. Todo fue sorpresa ese día. Y también gallardía, o estupidez caballeresca, por parte de Pedro....

Y además, considera que el primer cronista es un panegirista de Monfort y el segundo está ocupado sobretodo en salvarle la cara a Raimundo de Tolosa.

Aun así, la derrota no tuvo paliativos, fue tremenda aunque, especialmente, por la muerte del rey. Si ésta no se hubiera producido, Muret solo habría sido una escaramuza. Su sola virtud habría sido permitir que Simon rompiera el cerco de Muret. Claro que ésto último no es sino mera opinión "
elucubrativa"
Very Happy


En cuanto a los números, de acuerdo con el desarrollo de la batalla, los cruzados estuvieron siempre casi en superioridad númerica para cada uno de los choques... La batalla se desarrolló de forma absolutamente fragmentaria. Sorpresa e imprvisión, supongo.

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Última edición por el Lun Feb 04, 2008 4:56 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Muret   Lun Feb 04, 2008 4:46 pm

GUILLAUME LE BRETON (Phillipide)

Pedro de Aragón es herido en combate singular por Simon que quiere salvarle la vida, “pues no le está permitido a un conde, matar a un rey”. Pero uno de sus soldados, llamado Pierre, que “había él solo matado a más de doscientos enemigos”, atacó al rey, que se hallaba de pie. Y, antes de matarlo, tendrá con él un largo discurso en treinta versos, repleto de remenbranzas clásicas, y que el propio editor califica como “ineptas e intempestivas sermo tamprolixus in eo temporis pancto”.

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MensajeTema: Re: Muret   Lun Feb 04, 2008 4:50 pm

MATHIEU PARIS

El conde de Monfort, habiendo sabido por espías que el rey de Aragón iba a ponerse a la mesa, se dijo: “¡Yo le serviré el primer plato!”. Y el rey fue muerto antes de haber tomado tres bocados de pan. El mismo cronista pretende que Simon había dejado las puertas de Muret abiertas, porque los obispos habían enviado mensajeros al rey de Aragón, e incluso habían intentado ir a encontrar pieds nus;
durante este tiempo, algunos soldados aliados habrían intentado penetrar en la villa por sorpresa, y es entonces cuando Simon habría pedido a los obispos o, mejor, al obispo de Tolosa, quien hacía función de Legado papal, no contemporizar más y comenzar el ataque.

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MensajeTema: Re: Muret   Lun Feb 04, 2008 4:51 pm

BAUDOUIN D'AVESNES (sobre 1270)

De su detallada crónica, es de destacar la parte dedicada a la muerte del rey. Según este cronista, dos caballeros franceses, messire Alain de Rouçy y Flourens de Villes, habiendo jurado matar al rey, se encontraban en la segunda columna de ataque. Cuando ellos vieron al caballero que se había revestido con las armas del rey de Aragón, le persiguieron conjuntamente;
el caballero se defendió lo mejor que pudo, pero Rouçy se apercibió de que el rey era mejor caballero que éste que llevaba sus armas y gritó “¡Éste no es él!”. El rey de Aragón que oyó sus palabras, pico espuelas y no quiso esconderse;
gritó: “No! No es él, pero hélo aquí!”. “Este buen caballero, valiente y de gran coraje, levantó una maza de armas turca y golpeó a un caballero de los nuestros que cayó a tierra, después él se lanzó a la “melée” y allí hizo maravillosos hechos de armas"
. Cuando messire Alain y messire Flourens se apercibieron, le atacaron conjuntamente tan bien, ellos y sus compañeros, que acabaron con él y lo mataron.

Como puede verse, dice Anglada, es, en parte una narración más detallada que la de la Chanson de la Croisade, pero recoge la misma escena y las mismas palabras del rey de Aragón: “Je suis le roi!”

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MensajeTema: Re: Muret   Lun Feb 04, 2008 4:53 pm

ABAD DE WAVERLEY

Para este cronista, el rey de Aragón habría sido hecho prisionero vivo por un caballero francés, Jean de Bares, pero la mayor parte de los soldados, (de praedictiones milites), se opusieron a que le fuera conservada la vida y le mataron.

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MensajeTema: Re: Muret   Lun Feb 04, 2008 6:35 pm

Ya me supongo ya, Karmi, no me doy mucho mal, estas crónicas me recuerdan a las de Muntaner en Bizancio.

Bueno, concretando, que los gabachos nos dieron hasta en el cielo de la boca, en Muret, y que el rey fué muerto es lo más concluyente de esa batalla.

Con lo que hemos hablado de ella de si hubo o no almogávares en ella, y no tiene la menor importancia, mecachis.
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MensajeTema: Re: Muret   Lun Feb 04, 2008 9:47 pm

Coñe! Y el bello gesto del rey queriendo combatir como uno más sin la protección de su rango? Y el bello gesto de la mesnada real, muriendo en torno a su rey sin abandonar el campo? Esta batalla también tiene aspectos bastante atractivos.El orgullo, la vanidad, la "
caballería"
como ética, la galanura, la imprevisión, el honor, la destreza de armas, la estupidez, la muerte, la pérdida de un reino, etc. Tiene mucho aquél esta batalla.

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MensajeTema: Re: Muret   Mar Feb 05, 2008 9:40 am

Es que lo almogávares no sabemos mucho de todas esas virtudes caballerescas :p
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Simon de Monfort



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MensajeTema: Re: Muret   Mar Feb 05, 2008 3:43 pm

somarro escribió:
Gracias Karmi, vaya no pensaba yo que esa derrota pudo ser tan brutal, ¿miles de muertos de una parte y ninguno de la otra?, siendo de una parte unos centenares y de la otra miles?, desde luego vaya repasito le dió el normando al rey aragonés.

Gracias, gracias, maese Somarro... :p

Pero es que cuando uno cuenta con el favor de los Cielos, no hay ejército que se resista. Por muy aragonés que sea... Very Happy Very Happy Very Happy

Lástima que se nos escapase vivo ese jabalí montaraz del demonio... Ya le cogeremos, ya... :motz:

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Juan Pablo del Pobo



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MensajeTema: Re: Muret   Mar Feb 05, 2008 10:32 pm

JAJAJAJAJA, Ni me cogisteis ni me cogereis, perro normando, el infierno no es coto de cristianos, JAJAJAJAJA.

Me alegra que vuestra victoria no fuese tan completa como os hubiese gustado, tomaros algo en la taberna, lo dejo pagado y perdonar que no espere a compartirlo. JAJAJAJAJA.

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MensajeTema: Re: Muret   Mar Feb 05, 2008 11:47 pm

JAIME I DE ARAGÓN, hijo amantísimo, (El Llibre dels feyts)


{8}Y, pasado el tiempo de nuestro nacimiento, don Simon de Monfort, que tenía la tierra de Carcasona, de Badarres y de Tolosa, la cuál había ganado el rey de Francia, quiso tener amor con nuestro padre y le pidió que nos entregase a él, pues él nos alimentaría (cuidaría). Y se fió tanto en él y en su amistad, que nos dejó en sus manos para que nos cuidase. Y, estando Nos en su poder, las gentes de aquellas tierras, que antes hemos dicho, vinieron a nuestro padre y le dijeron que podía ser señor de aquellas tierras si las quería tomar y amparar. Y el rey don Pedro, nuestro padre, era franco y piadoso y por la piedad que sintiópor ellos, dijo que en esto les ampararía y le engañaron con bellas palabras.
Por un lado se lo daban de palabra y por otro se lo quitaban de obra, pues Nos oímos decir a don Guillem de Cervera, a don Arnau de Castellbó y a don Dalmau de Crexell y a otros que eran con él, que [los occitanos] le decían: “Señor, ved nuestros castillos y nuestras villa, guardáos en ellas y meted allí vuestras huestes”. Y cuando el lo quería hacer, decíanle: “Señor, no echéis a nuestras mujeres de nuestras casas, pero nosotros y ellas seremos vuestros, y en esto haremos vuestra voluntad”. Y en esta manera no daban nada de aquello que le habían prometido.
Le mostraban a sus mujeres, hijos y parientes, los más bellos que podían encontrar, y como sabían que era hombre de hembras, le quitaban su buen propósito y hacínale mudar a aquello que ellos querían. Y como las noticias serían largas de contar, de las cosas que allí pasaron, no queremos hablar más.


{9} Don Simon de Monfort estaba en Muret con entre 900 y 1.000 hombres a caballo y nuestro padre vino sobre él, cerca de aquel lugar donde aquél estaba. Y estuvieron de Aragón, don Miguel de Luesia, don Blasco de Alagón, don Rodrigo de Lizana, don Ladrón, don Gómez de Luna, don Miguel de Rada, don Guillén de Pueyo, don Aznar Pardo y muchos otros de su mesnada, y otros que no podemos recordar;
pero si nos acordamos que nos dijeron aquellos que allí habían estado y sabían los hechos, que, aparte de don Gómez, don Miguel de Rada y don Aznar Pardo, y algunos de su mesnada que allí murieron, los demás lo desampararon en la batalla. Y estuvieron allí, de Cataluña, don Dalmau de Creixell, don Hugo de Mataplana, don Guillém d´Horta y don Bernat de Castellbisbal, quienes huyeron con los otros. Más sabemos por cierto que don Nuño Sánchez, don Guillem de Montcada, quien fue hijo de don Guillem Ramon y de doña Guillema de Castellví, no estuvieron en la batalla. Antes bien, enviaron mensaje al rey para que les esperase, pero el rey no les quiso esperar e hizo la batalla con aquellos que estaban con él. Y aquel día en que tuvo lugar la batalla, había yacido [Pedro] con una mujer y oímos decir después a su repostero, que se llamaba Gil y fue después fraile del Hospital y había estado en aquel consejo, y a otros que lo vieron con sus ojos, que durante el Evangelio no pudo tenerse en pie y hubo de sentarse en su sitial mientras se leía. Y antes de que fuese la batalla quiso ponerse don Simon en su poder para hacer su voluntad y avenirse con él, pero nuestro padre no lo quiso tomar. Y cuando vieron esto, el conde Simon y aquellos que estaban dentro [de Muret] hicieron penitencia y recibieron el Cuerpo de Jesucristo y dijeron que más amaban morir en el campo que en la villa. Y con esto, salieron a combatir todos a una. Y aquellos de la parte del rey no supieron formar batalla (organizar los cuerpos de batalla), ni andar ajustados y hería cada ricohombre por sí, y combatían contra todo arte de armas. Y por su mala organización y por el pecado que en ellos había, hiciéronse perder la batalla, así como por la merced que no encontraron entre los de dentro [de Muret]. Y aquí murió nuestro padre, pues así lo ha usado nuestro linaje en todo tiempo, que en las batallas que ellos han hecho y Nos haremos: vencer o morir. Y Nos, permanecimos en Carcasona, en poder del conde, pues el nos cuidaba y tenía en aquel lugar.

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MensajeTema: Re: Muret   Jue Oct 19, 2017 4:17 pm



La muerte de Pedro II de Aragón en la batalla de Muret en el año 1213 desató una «crisis» y una «brecha» en la historia de la Corona de Aragón, un hecho histórico «poco conocido» que ahora se ilustra en un mapa que recoge con todo lujo de detalles la situación geopolítica de aquella época.

Este documento gráfico, editado por el Consello d’a Fabla Aragonesa con la colaboración de Rolde Estudios Aragoneses, supone una foto fija de la política del siglo XIII, de tal forma que el espectador que lo contempla puede conocer el estatus de la corona, con tan solo un golpe de vista.

Su autor es Chesús Lorién, un aficionado a la historia y a la heráldica, que decidió hacer este trabajo tras comprobar que la historia de Aragón «no se cuenta en las escuelas, tampoco en las de la comunidad», comentó ayer a Efe, con motivo de la presentación en el Palacio de Montemuzo de Zaragoza.

«Hay hechos históricos como este que son ninguneados, a pesar de ser importantes dentro de la historia la Corona de Aragón», explicó Lorién.

Para el autor de este mapa, la enseñanza en las escuelas se ha centrado en la historia «oficial», es decir, en la de la Castilla, dejando a un lado otras también «importantes» como la de la Corona de Aragón, remarcó.

Por eso, este mapa llamado A Corona d’Aragón MCCXIII se centra en un momento «clave» de la historia de Aragón, en la batalla de Muret, entre las fuerzas cruzadas dirigidas por Simon de Monfort y los Cátaros o Albigenses con su rey Pedro II de Aragón a la cabeza de su ejército.

En este enfrentamiento, que se produjo el 13 de septiembre de 1213, murió el rey católico que había consolidado la Corona de Aragón en la distribución política en la baja Edad Media. Lo consiguió con su participación en la batalla de las Navas de Tolosa un año antes, según se indica en la explicación del mapa.

Esto supuso una «crisis» y una «brecha» que cambió el rumbo de la política de la Corona de Aragón. Tras esta derrota, perdió su preeminencia sobre los territorios al norte de los Pirineos dirigiendo su expansión hacia el Mediterráneo.

El mapa incluye los escudos de las casas reinantes de aquel momento, de los señores de algunos de los lugares, así como las órdenes militares o las encomiendas de cada lugar.

Esta información se completa con el árbol genealógico que puede verse en su reverso de la casa real de aquel momento, desde Ramiro II el Monje hasta Jaime I, hijo de Pedro II y que supone tan sólo una parte de todo el árbol de los reyes de Aragón que Chesús Lorién está realizando.
http://www.elperiodicodearagon.com/amp/noticias/aragon/mapa-ilustra-crisis-corona-aragon-s-xiii_1235830.html#_=_

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MensajeTema: Re: Muret   Mar Nov 07, 2017 4:51 pm

Aragón, Occitania y la batalla de Muret

Va de efemérides (cada año tiene las suyas). Para aragoneses y occitanos en 2013 se cumplen los ocho siglos de la batalla de Muret, en la que el rey aragonés Pedro II pereció en defensa de sus vasallos del otro lado de los Pirineos. Vamos a tratar de explicar qué hacía un rey aragonés combatiendo en las proximidades de Tolosa (en francés, Toulouse) en 1213 y por qué esa batalla y su muerte están (o deberían estar) llenas de significado para nosotros y ellos.

Estela conmemorativa de Muret, en donde está inscrito en occitano: “En conmemoración del VII centenario de la batalla de Muret, en donde el rey Pedro, aragoneses, catalanes, lenguadocianos y gascones cayeron en defensa de las Libertades. D edicado el 12 de septiembre de 1913”

Tradicionalmente, los condes y reyes de Aragón habían tenido tratos políticos y familiares con dignatarios del imperio carolingio. Con la unión de Aragón y Barcelona y, especialmente, durante el reinado de Alfonso II, dichas relaciones se intensificaron. ¿La razón?: numerosos nobles del sur de Francia, movidos por la sed de aventuras, redención de sus pecados y cómo

No riquezas, partían en aquellos años en cruzada hacia Tierra Santa. Su prolongada ausencia era con frecuencia aprovechada por aquellos de sus rivales que se quedaban en Europa para inmiscuirse en sus asuntos, arrebatarles territorio o someterlo a su dominio. Entre esos señores y príncipes usurpadores, el propio rey de Francia, deseoso de restablecer el dominio que los carolingios detentaron sobre todos los territorios de su imperio, destacaba por su agresividad. Así que, nada mejor para proteger sus intereses en el propio terruño que recurrir a otro rey como el de Aragón, vecino, poseedor también de territorios patrimoniales en el mediodía francés (el que, en razón de la lengua allí hablada el occitano viene a denominar se como Occitania) y cuya cruzada contra el Islam no le llevaba a alejarse del territorio de la península ibérica. El rey de Aragón era, pues, para los occitanos, el protector de su autonomía y sus derechos.

Ante esta situación, los reyes de Francia, carentes de todo pretexto para poner bajo su “protección” los territorios de los ausentes nobles cruzados occitanos, miraban con frustración y recelo la influencia aragonesa en el sur del que entendían debía ser su dominio reservado. Incluso reclamaban que Barcelona y los demás condados catalanes que progresivamente se iban incorporando a la Corona de Aragón no debían serlo, ya que pertenecían a la Marca Hispánica que crearon los emperadores carolingios a finales del siglo VIII. La relación establecida por los señores occitanos con el rey de Aragón era de vasallaje feudal, una institución inviolable en aquella época, y que estaba sacralizada por los Papas, el derecho y la sociedad.

De acuerdo con ella, los señores occitanos habían entregado sus respectivos condados al rey de Aragón, y este se los devolvía para que los administrasen con total lealtad a su persona (incluyendo determinadas ventajas económicas). A cambio, el rey se obligaba a defender con su espada y todos sus recursos los intereses de estos sus nuevos vasallos, incluyendo su independencia e integridad territorial frente al propio rey de Francia. El rey de Aragón se había convertido así, especialmente para la leyenda, en el paladín protector de la independencia y las libertades de la mayor parte de Occitania.

Muerte de Pedro II de Aragón

Así que el rey de Francia debía inventar algo que hiciese pedazos ese acuerdo feudal de lealtad entre la Corona de Aragón y los señores de Occitania. La ocasión la sirvió en bandeja la extensión de la herejía cátara (también conocida como “albigense”, en referencia a los habitantes de la ciudad occitana de Albi, uno de sus focos más representativos) en Occitania a lo largo del siglo XII. La situación de excepcionalid ad que suponía una cruzada contra los herejes era ideal para poder intervenir de forma contundente (entiéndase “violenta”) en los territorios occitanos infeudados al rey de Aragón y cometer todo tipo de tropelías que perjudicasen la calidad de los aragones es como protectores de los occitanos. Así pues, aprovechando sus estrechas relaciones con el Papa Inocencio III , el rey de Francia consiguió que éste predicase en 1209

Una cruzada contra los herejes albigenses

Se puso al frente de dicha cruzada aun noble guerrero francés de origen anglonormando, Simón de Montfort, conde de Leicester. Montfort era reputado por su fanatismo religioso que combinaba sin ningún problema con la más implacable y extremada crueldad con sus enemigos, e hizo gala de estas cualidad es en esta cruzada, que fue convenientemente financiada por Francia.

La primera acción de Montfort fue l a de atacar al principal protector de los cátaros, Raimundo Roger Trencavel, vizconde de Carcasona, Besièrs (en francés, Béziers ) , Albi y Rasés (en francés, Rasez) , quien se rindió tras un largo asedio a la ciudad de Carcasona y que murió sospechosamente a los dos meses de ser hecho prisionero, siendo su familia desposeída de sus derechos sucesorios, que pasaron a manos de Simón de Montfort. Así, éste se convertía, paradójicamente, en uno de los vasallos del rey de Aragón: el cáncer ya estaba dentro. En su doble carácter de cruzado y de vasallo del rey aragonés, no dudó en desplegar una indiscriminada campaña de destrucción en Occitania que nada tenían que ver con las obligaciones de lealtad que también debía al rey, cuyas llamadas a la moderación en la represión (Pedro II, apelado “El Católico”, rechazaba la herejía cátara) eran sistemáticamente ignoradas por Montfort.

El episodio más ilustrativo de la actitud de los cruzados de Montfort y de la del Papa se había producido un poco antes, en el sitio de Bèsiers, en el que, al entrar en la ciudad, y ante la duda de saber a quiénes tenían que masacrar por no distinguirse en apariencia los cátaros de los catól icos, el legado papal Arnaldo Amalrico respondió: “¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!” Suficiente para Montfort, que asesinó con esta consigna a más de 7.000 personas Montfort continuó su ofensiva dirigiendo su acción contra los condados de Tolosa y Fois (en francés, Foix), quienes presentaron batalla en septiembre de 1211 en Castèlnòu d’Arri (en francés, Castelnaudary) con un resultado incierto. Los aliados occitanos pidieron ayuda al rey de Aragón quien intentó una mediación entre las partes que, tras la campaña de las Navas de Tolosa, se dio por fracasada, lo que d eterminó a Pedro II a pasar los Pirineos con el ejército aragonés (lo hizo por el puerto de Gorgutes, o de la Glera, en la Bal de Benás) en el verano de 1213 para cumplir con su deber de auxilio de sus vasallos.

Una tropa de refuerzo de Cataluña también se puso en marcha desde el litoral mediterráneo, entrando en Occitania a través del Rosellón, aunque retrasada con respecto al cuerpo de ejército aragonés.

Monolito en el memorial de Muret

La situación que encontró Pedro fue la de un ejército cru zado ya muy disminuido por las deserciones y escasez de recursos (unos 700 u 800 caballos y unos pocos centenares de peones) que se encontraba sitiado en la villa de Muret, a orillas del río Garona, por un ejército de más de 5.000 peones (podrían llegar incluso a 10.000) de las milicias urbanas de Tolosa, Montaubán y su comarca (poco experimentados) y entre 1.000 y 2.000 guerreros a caballo de Occitania y mercenarios de otras procedencias. Las tropas aragonesas consistían en 800 guerreros a caballo experimentados, siendo de suponer que la mayoría de ellos eran veteranos de la batalla de las Navas de Tolosa.

A la vista de la superioridad del ejército aliado, Pedro decidió entablar el combate el 13 de septiembre de 1213 sin esperar a los 600 jinetes catalanes del cuerpo de reserva que todavía se hallaban a varios días de marcha de Muret.

El propio Jaime I, que entonces contaba con seis años de edad, presenció los hechos, y así nos los cuenta ( según su interpretación) en su Llibre dels feits Simón de Montfort estaba en Muret, acompañado exactamente de ochocientos a mil hombres de a caballo y nuestro padre vino sobre él cerca de aquel lugar donde él estaba. Y fueron con él, de Aragón: Don Miguel de Luesia, Don Blasco de Alagón, Don Rodrigo Liçana, Don Ladrón, Don Gómez de Luna, Don Miguel de Rada, Don Guillem de Puyo, Don Aznar Pardo y muchos otros de su mesnada y de otros de los cuales no nos podemos recordar. Pero bien recordamos que nos dijeron aquéllos que habían estado y conocían el hecho, de que salvo Don Gómez de Luna, Don Miguel de Rada, Don Aznar Pardo y algunos de su mesnada que murieron, los otros lo abandonaron en la batalla y huyeron. Y fueron, de Cataluña: Dalmau de Creixell, N'Hug de Mataplana, Guillem d'Horta y Berenguer de Castellbisbal; éstos huyeron con los otros. Sin embargo, bien sabemos con certeza, que Don Nuño Sanç y Guillem de Montcada, que fue hijo de Guillem Ramon de Montcada y de na Guilleuma de Castellví, no estuvieron en la batalla, pero enviaron mensajeros al rey diciéndole que los esperara, y el rey no les quiso esperar, y dio la batalla con aquéllos que eran con él. Y aquel día que dio la batalla había yacido con una mujer, ciertamente que Nós oímos decir después que durante el Evangelio no pudo estar derecho, sino que permaneció sentado en su sitial mientras que se decía misa. Y antes de que tuviera lugar la batalla, Simón de Montfort quería ponerse en poder suyo para hacer aquello que el Rey quisiera, y quería avenirse con él; y nuestro padre no lo quiso aceptar. Y cuando el conde Simón y aquellos de dentro vieron eso, hicieron penitencia y recibieron el cuerpo de Jesucristo, y dijeron que más se amaban morir en el campo que en la villa. Y con eso, salieron a combatir todos a una, de golpe. Y aquéllos de la parte del rey no supieron formar las líneas de batalla ni ir juntos, y cada caballero acometía por su lado, y acometían contra las reglas de las armas. Y por la mala ordenación, y por el pecado que tenían en ellos, y también porque de los que estaban a dentro de la plaza no encon traron merced, la batalla tenía que estar perdida. Y aquí murió nuestro padre. Y así siempre lo ha seguido nuestro linaje, en las batallas que ellos han hecho y en las que Nós haremos, que es vencer o morir. Y Nós permanecimos en Carcassona, en poder del c onde, porque él nos hacía educar y era señor de aquel sitio.

Jaime alude a dos causas para la derrota: una de orden “moral”, como era la de no guardar la norma ceremonial de la castidad la víspera de una batalla, y otra de mando y organización.

Hay que señalar también que estando en el momento más desesperado de su cruzada, Montfort se hizo acompañar en esa campaña por una pléyade de obispos y abades, para reforzar la moral de sus hombres con la idea el respaldo divino a sus actos. Algunos de estos dignatarios de la Iglesia fueron hasta tres veces hasta el campamento de Pedro, andando descalzos (en señal de sumisión) desde Muret, sin que el rey aceptase recibirles.

Muerte de Simón de Montfort a manos de las mujeres tolosanas

Así las cosas , Montfort decidió un golpe de audacia : salió de Muret a todo galope con su caballería pero, en vez de dirigirse contra las líneas de los aliados, enfiló hacia el sur, en lo que parecía ser claramente la huída de quien se daba por derrotado.

Podemos imaginar a los entusiasmados soldados occitanos rompiendo sus filas y volviéndose hacia su campamento de sitio. Sin embargo, en ese preciso momento, los caballeros cruzados detuvieron su falsa huida, volvieron grupas y se lanzaron contra la desprevenida tropa enemiga. El rey de Aragón, que por seguridad había intercambiado antes de la ba talla su armadura con la de otro caballero, al verse acosado por la caballería de Montfort gritó varias veces : “¡Soy el rey!”, con la intención de dejarse tomar prisionero antes que hacer peligrar su vida. Ocostumbre en la época era esto, lo cual proporcionaba enormes beneficios económicos y políticos a los captores.

Parece ser que sus atacantes no lo creyeron o entendieron y acabaron con su vida y con la de sus acompañantes.

Posteriormente, en lo que fue un combate breve pero intenso, los cruzados se dedicaron a masacrar a todos los peones occitanos que huían desordenadamente.

La victoria cruzada hizo de Montfort conde de Tolosa, pero hay un epílogo: tras rearmarse en la Corona de Aragón, el desposeído conde Raimundo VI y su hijo Raimundo VII desembarcaron en agosto de 1216 en Marsella, derrotaron a Montfort y ocuparon de nuevo Tolosa. Montfort consiguió reorganizarse y poner la ciudad bajo asedio en 1218. El 25 de junio de ese año un equipo de mujeres a cargo de una catapulta instalada en la muralla de la ciudad lanza un proyectil que impacta sobre la cabeza del mismísimo Simón de Montfort que se hallaba dirigiendo sobre su caballo las operaciones bélicas. El hecho no solo se ha considerado como una venganza por la muerte de Pedro II de Aragón, sino que también ha marcado toda una efemérides en el imaginario occitanista, que celebra cada 25 de junio el Día de la Mujer Occitana.

Placa conmemorativa de la muerte de Montfort en las murallas de Tolosa: “la piedra cayó directamente donde era necesario”

La guerra continuó durante años con la intervención de tropas aragonesas en diferentes momentos en un intento desesperado por recuperar el estado de cosas anterior a la cruzada albigense. Sin embargo, el rey de Francia invadió Occitania sin ningún reparo en 12 26 y obligó al conde de Tolosa a firmar un tratado de paz de condiciones leoninas (el tratado de Meaux o de París) que, de hecho, determinaron la incorporación de los condados occitanos a la corona francesa, el fin de sus libertades, la progresiva implantación de la lengua francesa a costa de la occitana y el alejamiento de toda pretensión aragonesa opuesta a la anexión francesa.

Al igual que hacemos los aragoneses cada 20 de diciembre ante el monumento al Justiciazgo en la Plaza de Aragón de Zaragoza, conmemorando la invasión castellana de 1591 y el asesinato del Justicia, y haciendo de ese día el de las Libertades Aragonesas, los occitanos han hecho del 13 de septiembre el día de las Libertades Occitanas, poniendo flores ante el monolito que en una rotonda de Muret recuerda hoy día la batalla. Dos pueblos hermanos con vínculos históricos y un desgraciado destino para su progreso, cultura e identidad. Un buen motivo para aprovechar este año de conmemoración, viajar a conocer Occitania y acompañar a estas gentes en Muret este 13 de septiembre de 2013 compartiendo nuestros sentimientos comunes.

Miguel Martínez Tomey

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Dibujo que encontré por ahí

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MensajeTema: Re: Muret   Mar Nov 28, 2017 10:37 am

Observar el detalle del león de Simón de Monfort en el escudo de los peones a los que embiste Pedro II

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